En los años 70, los adolescentes no registraban cada instante de su vida como ocurre hoy. No había celulares, ni redes sociales, ni esa necesidad de inmortalizarlo todo. Sin embargo, José Broide fue un adelantado sin proponérselo. Su inseparable cámara —apodada “La Nena”— lo acompañaba a los campamentos, a las aulas, a las reuniones con amigos. Nadie reparaba demasiado en los clics, que sonaban como música de fondo. Medio siglo después, esas imágenes regresan convertidas en testimonio.
La muestra Los pliegues del pasado reúne esas fotos tomadas entre 1970 y 1975. Lo que entonces parecía apenas un registro espontáneo de la vida adolescente, hoy es un puente entre generaciones. Padres e hijos, abuelos y nietos pueden mirarse en ese espejo fotográfico que desoculta memorias ocultas, silencios, historias que la dictadura militar intentó borrar.
“El sentido de esas imágenes cambió con el tiempo”, reflexiona Broide. “Antes del golpe de 1976 contaban una historia; después, otra completamente distinta”. Eduardo Gil, curador de la muestra, lo sintetiza con precisión: las fotos nos interpelan porque transforman nuestra interpretación del pasado.
No se trata solo de nostalgia. En muchos casos, estas fotografías son lo único que queda de quienes ya no volvieron. Registros que devuelven rostros, gestos, instantes de vida interrumpidos. La mirada ingenua de un adolescente detrás de la lente se transformó, sin saberlo, en un archivo de resistencia y memoria.
Broide continuó su camino en la fotografía como lenguaje vital. De Rostros paceños a Los nadies, su obra atraviesa contextos y fronteras, pero siempre con una misma esencia: captar la humanidad detrás de los hechos.
Los pliegues del pasado propone una forma distinta de acercarse a la historia. Una invitación a mirar más allá de los estereotipos, a reencontrarse con la profunda humanidad de los 70, a dialogar con el pasado desde los ojos de quienes alguna vez fueron simplemente adolescentes con sueños, guitarras y risas.
Porque la memoria también habita en una foto, y esas imágenes, rescatadas del silencio, nos siguen hablando hoy.
