Nes Campano, Intimo

A los 35 años, Nes Campano ya sabe lo que es estar en la cima de un casting de Telefe y también lo que es masticar el silencio de un «no». Canta desde los ocho, pero lo que hoy trae entre manos es distinto. Su cuarto álbum, «Auténtico», no es solo un título; es un escudo que levantó después de un 2024 y 2025 que lo golpearon de frente con la pérdida de su mamá y los vaivenes de su querida Bahía Blanca. Hablamos con un artista que hoy prioriza el proceso antes que el objetivo. Nes pasó por la euforia de escucharse en la radio por primera vez y por la desilusión de las puertas que se cierran, pero hoy elige quedarse con lo esencial. En esta nota, nos encontramos con un artista profundamente humano y sensible, que entendió que, cuando el mundo se pone difícil, el amor y la música son los únicos capaces de transformarlo todo.

NB: Cerrá los ojos y volvé al primer momento en que decidiste que tu vida iba a ser contar historias en canciones. ¿Qué olor, qué sonido había en ese lugar? ¿Fue un acto de libertad o de urgencia?

Nes: Estaba estudiando Administración de Empresas en la Universidad Nacional del Sur y una pareja que tenía mi mamá me invitó dos o tres días a Córdoba a unas competencias internacionales de municipalidades; unos torneos donde competían en diferentes disciplinas: fútbol, tenis, básquet, música, danza. Yo fui en representación de Bahía Blanca, canté y obtuve el primer premio y, además, la medalla revelación. Creo que ahí fue un antes y un después, un quiebre; me acuerdo que dejé la universidad y me fui a vivir a Capital a estudiar música. ¿Qué sonido? Sonido de tango, sonido de festejo, sonido de alegría. Fue un acto de descompresión que viví como libertad y que buscaba con mucha urgencia.

NB: Pasaste por varias producciones y estéticas. ¿En qué momento sentiste que dejaste de «sonar a tus influencias» para empezar a sonar genuinamente a Nes Campano?

Nes: Siento que en el primer álbum, «Naturalmente», no soné a nadie más que a mí: en la voz, en las letras, en las canciones. Creo que ya desde el primer disco pude lograr eso. Tiene sus pros y sus contras. El pro era que no me parecía a nadie, y el contra era que, cuando me comparaba con quienes me gustaban, justamente no los encontraba ahí.

NB: Algunos afirman que el pop es el arte de envolver verdades dolorosas en melodías brillantes, ¿no? ¿Cuál es esa canción tuya que hoy te cuesta cantar porque te expone demasiado o porque te devuelve a un lugar al que ya no pertenecés?

Nes: No creo que el pop sea el arte de envolver verdades dolorosas en melodías brillantes; no todas las verdades son dolorosas. Muchas veces surgen primero las melodías brillantes; hay canciones alegres. De hecho, tengo muchas canciones que simplemente hablan de la vida y tienen mensajes muy lindos, como «Causa y efecto» o como las del disco «Creo», donde «Cero estrés» también lo refleja. Así que en eso no estoy de acuerdo. Sobre la canción que me cuesta cantar porque me expone: no hay ninguna. Cuando elegí ser artista sabía que exponerse es parte de lo que uno hace; involucrarse, poner el cuerpo. Otra cosa es que emocionalmente me quiebre, y sí me ha pasado; me ha ocurrido en escenarios muy grandes, con mucha gente, dándome cuenta de que me estaba encontrando y viviendo cosas que siempre había soñado. Pero no es por las canciones en sí. Es más, cada vez que hago una canción, automáticamente vuelvo a ese lugar; cuando la cantás nunca te vas de esos sitios, sino que los vivís de otra manera, los resignificás.

NB: Con varias producciones en tu haber, ¿qué le diría el Nes de hoy, con toda la experiencia y las cicatrices del oficio, a aquel chico que recién empezaba a armar sus primeros acordes en Ingeniero White?

Nes: Le diría que es un camino lleno de incertidumbre, pero también un camino lleno de vida. Que lo haga siempre conectándose con lo que lo inició: el amor a primera vista por lo que hace, con esa frescura. Que trate de no desconectarse de ahí, por más que la diaria, el contexto y la vida a veces intenten llevarnos hacia otro lugar. Es muy complejo ser artista en un mundo capitalista, lo digo con todo el respeto y el sentido de cada término. Ver al mundo desde un lugar que muchas veces no es visto es difícil, incluso para un artista, cuando se piden estadísticas, reproducciones o seguidores. Y eso no es ser artista. Eso es la industria de la música. Así que le diría que se siga conectando con lo que siempre amó, que disfrute y que comparta con sus amigos y con la gente que ama la música.

NB: Sos un artista con trayectoria y reconocimiento. Pero, cuando se apagan las luces del escenario y volvés a casa en el silencio de la noche portuaria… ¿qué es lo que realmente te valida como artista? ¿Es el feedback de la gente o es haberle ganado la pulseada a una hoja en blanco?

Nes: Lo que realmente me valida es que yo me siento un artista: me siento cantante, músico y compositor. Eso es lo único real, porque los aplausos pasan, los comentarios también, lo bueno y lo malo. Como dice la pregunta, las luces se apagan, el show termina y la vida sigue. Lo que me valida como artista, en conclusión, creo que es mi mirada del mundo; cómo lo concibo, cómo concibo la vida y cómo interpreto lo que vivo. Pasa por ahí. Es más una forma de ser que una forma de tener o de vivir.

NB: Si tuvieras un minuto frente a alguien que no conoce tu historia ni tu música, y solo pudieras decirle quién sos desde tu fibra más humana, ¿cómo te definirías?

Nes: Soy un soñador. Pero un soñador que hace. Soy una persona que con el paso de los años tiene sus heridas y sus cicatrices. Como decía Galeano: «Las personas que se han ido de mi vida me generan un espacio que después ni por nada ni por nadie se vuelve a recuperar». Entonces, voy caminando con cierta… la palabra exacta no es peso, es firmeza, quizás. Sigo valorando lo mismo que hace 20 años: tomar un mate, comer un asado, jugar un partido de fútbol, escuchar música. Sigo creyendo en que podemos ser buenas personas y hacer de este mundo un lugar mejor.

NB: Contanos un poco sobre tu agenda, proyectos y producciones para este 2026.

Nes: En la agenda tengo una primicia: el 14 y el 15 de febrero voy a estar tocando en la puerta del Palacio Libertad (el ex CCK). Es la primera vez en mi carrera que me convocan desde el interior para cantar en Capital con todo lo que eso significa. Me acompañan músicos de muchísima trayectoria que han tocado con artistas consagrados como Ricardo Montaner, Axel, etc. Es un sueño poder cantar allá con toda la banda. Esa es la agenda más próxima. Y la gran producción para este 2026 es «Auténtico», que como dice la palabra, es un disco en el cual me permito hacer y deshacer canciones y letras. Refleja mucha autenticidad; es uno de los pocos beneficios de ser independiente: uno puede decidir qué decir y cómo decirlo. Eso es algo que valoro mucho. El show en Capital y el lanzamiento del nuevo disco son las dos hermosas noticias para este año.

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