El «Cara a Cara» en la Justicia: Cuando la Emoción Define el Acuerdo


En el sistema judicial argentino, la mediación se presenta como una oportunidad para que las personas en conflicto busquen una salida alternativa antes de que un juez dicte sentencia. Ya sea a través de la mediación prejudicial obligatoria (el paso previo a demandar en la mayoría de las provincias) o la intrajudicial (cuando el juicio ya comenzó), la clave reside en la voluntad de sentarse frente a frente para evitar procesos que pueden volverse eternos.Reglas de juego para un clima de tensión
El primer encuentro suele estar cargado de pánico, enojo o incluso deseos de venganza. Para evitar que el diálogo termine en agresiones, se establecen pautas estrictas desde el inicio: hablar con respeto, escucharse sin interrupciones y firmar un compromiso de confidencialidad.
En este escenario, el mediador actúa como un tercero neutral e imparcial que ayuda a las partes a encontrar soluciones. Si la tensión escala, el profesional tiene la potestad de frenar la reunión o realizar entrevistas privadas para que cada uno pueda expresarse con mayor libertad por separado.
El riesgo de la mentira: ¿Se puede engañar en la mediación?
Uno de los mayores temores es que la otra parte oculte información o mienta «en la cara». La mediación se rige por la filosofía del «GANAR-GANAR», donde ambas partes deben cooperar de buena fe para alcanzar un acuerdo que realmente puedan cumplir.
Cuando uno de los participantes siente que no hay honestidad, el proceso suele «empantanarse». Sin buena fe, es muy probable que la instancia se cierre sin acuerdo. Sin embargo, en estos casos, el «premio consuelo» no es solo un documento firmado; es la oportunidad de haber expresado lo que se tenía «atragantado». A veces, este desahogo logra extinguir el deseo de venganza y permite que, si el juicio continúa, se desarrolle en un clima menos hostil.
El foco en los hijos: Más allá de la «guerra de egos»
En los conflictos de familia, es común que los adultos se centren en sus propias disputas, perdiendo de vista el bienestar de sus hijos e hijas. Los niños perciben la tensión y, en muchos casos, llegan a sentirse culpables por la mala relación de sus padres.
Lograr un acuerdo en mediación es mucho más que un trámite rápido; es la construcción de un compromiso duradero porque nace del consentimiento mutuo y no de una imposición externa. El objetivo final es alcanzar un clima armónico que proteja a los más vulnerables, recordando que el bienestar de los hijos debe ser siempre el eje central de cualquier negociación.






