Bahía Blanca: El plan para recortar viajes a discapacitados y el boleto a $2.000 que vacía los colectivos

El transporte público en Bahía está en una zona crítica. Entre el aumento que se viene y la idea de recortar los viajes gratis a personas con discapacidad, el sistema parece estar empujando a los bahienses a bajarse del micro para siempre.
La moto: más barata que el colectivo
Con la tarifa que proponen las empresas, un trabajador que tiene que tomar 4 colectivos por día para ir y volver de su empleo terminará pagando casi $180.000 al mes. El cálculo es simple y doloroso: con esa misma plata, cualquier persona paga la cuota de una moto 110cc y le sobra para la nafta.
Al subir tanto el precio, las empresas están logrando lo contrario a lo que necesitan: que la gente deje de usar el colectivo. Al perder pasajeros, recaudan menos, y al recaudar menos, piden otro aumento. Es un círculo vicioso que solo perjudica al vecino.
El recorte a la discapacidad: un límite polémico
El punto más caliente es el intento de poner un tope de 80 viajes por mes para las personas con discapacidad. Actualmente, el 20% de los pasajeros en la ciudad viaja sin pagar (por ley o beneficios sociales). Las empresas dicen que esto no es «rentable» porque el Estado no les devuelve ese dinero a tiempo.
Pero la ley es clara: la gratuidad para personas con discapacidad no debería tener límites. Poner un techo de 80 viajes (menos de 3 por día) significa que si alguien tiene que ir a trabajar, estudiar y además hacer rehabilitación, a fin de mes se queda a pie.
Los números de la crisis:
- Tarifa hoy: Se busca llevarla escalonadamente de $1.800 a más de $2.000.
- Pasajeros: Se estima que se venden 3 millones de pasajes mensuales, pero 600.000 son gratuitos o con descuentos sociales.
- El dilema: Si el Estado Municipal no abona lo que corresponde, ¿quién paga la cuenta? Hasta ahora, la respuesta parece ser: el usuario que paga tarifa plena o el discapacitado que pierde su derecho.
¿Cuál es la solución?
Muchos coinciden en que, si realmente quieren salvar el sistema, las empresas y el Municipio deberían buscar formas de atraer a la gente (con mejores frecuencias y precios razonables) en lugar de espantarlos. Mientras el colectivo cueste lo mismo que la cuota de una moto, las paradas seguirán cada vez más vacías.






